
Título: La chica con pies de cristal
Título original: The girl with glass feet
Saga: No
Autor: Ali Shaw
Traductora: Gemma Rovira Ortega
Editorial: Salamandra
Páginas: 352
Precio: 18,50 €
Extraños sucesos ocurren en el remoto archipiélago de Saint Hauda. Criaturas de una rara belleza sobrevuelan la marisma helada y animales albinos encuentran refugio en los bosques, mientras las medusas iluminan con destellos eléctricos el oscuro fondo del mar. Tras unas breves vacaciones en una de las islas, la joven Ida Maclaird descubre que sus pies se están volviendo de cristal. Alarmada, Ida regresa a Saint Hauda en busca de una explicación a este fenómeno. Ida se encuentra con Midas Crook, un fotógrafo tímido y solitario, con quien vivirá una historia de amor tan hermosa como urgente, pues la metamorfosis de Ida avanza inexorable. Sin embargo, la apasionada determinación de la joven choca con la aparente parsimonia de la vida en Saint Hauda, donde cada personaje parece esconder oscuros secretos, relacionados entre sí como nudos de una complicada madeja.
Me ha parecido un libro precioso, con personajes profundos y bien caracterizados, imbuidos en una historia original que me ha arrancado algún que otro escalofrío y lagrimilla inesperados.
La chica con los pies de cristal es una historia que habla de la esperanza, de no rendirse ante las adversidades, de seguir hacia delante y amar la vida. Todo el tiempo, mientras la leía, pensaba en el cáncer, una enfermedad letal que te va consumiendo poco a poco.
—Siempre quise ir al Polo Norte —comentó Ida señalando a lo lejos.
—Irás.
—Allí no duraría ni dos segundos.
—Eso no lo sabes.
En el libro, se observan muchos casos de seres que acaban transformados en cristal, sin embargo, son solo dos los que me llaman la atención. En el primero de ellos, vemos a una chica cuya piel, poco a poco, va siendo consumida por este material. Ella recurre a tratamientos innovadores, pero al final de su camino, decide suicidarse debido a que el cristal no deja de crecer. Acaba tomando una decisión que es aceptada por su familia, que la acompaña en todo momento. En el segundo caso, ocurre prácticamente lo mismo, sin embargo, una diferencia marca el acontecimiento: la chica afectada, que en un principio se haya sola, se abraza al amor de un hombre, que le da fuerzas para cometer su última locura de vida y luchar contra un temor. El temor es hundirse en el mar, si la barca a la que sube no soporta el peso del cristal en que la mayor parte de su cuerpo se ha transformado.
Ida es una chica que procede del continente y viene a las Islas de Saint Hauda en busca de unas vacaciones. Sin embargo, un incidente marcará para siempre su vida: sus pies comienzan a transformarse en cristal sin explicación alguna. Así que regresa a las islas para encontrar al hombre que, ella piensa, podrá curarla: Henry Fuwa.
Henry Fuwa es un personaje extraño que vive en una ciénaga apestosa; el único lugar alejado del mundo donde él se encuentra realmente cómodo. Es un enamorado de las reses aladas que cuida, las cuales, yo creo, poco a poco le han ido alejando de otras personas, entre las que se encontraba la mujer amada.
Por otro lado está Midas, el protagonista de esta historia, que solo vive para la fotografía y que ha sufrido una vida difícil, por culpa de un padre complicado carente de sentimientos. Este padre, sin darse cuenta, y por una actitud que crece mientras su corazón se va helando, provoca en su hijo y su mujer una inseguridad hacia sí mismos que les impide vivir normalmente. De esta manera, la madre es incapaz de enamorarse de nuevo, una vez el padre muere; y el hijo siente también que nunca encontrará a esa chica que toque su corazón y lo haga arder.
Por último está Carl Maulsen, un ser también raro, obsesionado con la madre de Ida: Freya.
Me ha gustado mucho cómo el autor describía cada doloroso momento en el que se producía la transformación, de piel a cristal; la característica general de personajes bohemios, solo rota por Ida, me ha llamado muchísimo la atención. Casi todos los individuos de esta historia son rutinarios (quizás los casos más acentuados son Henry Fuwa y Midas), ya que necesitan una fuerza externa para ser capaces de salir del archipiélago y atreverse a ver lo diferente, aventurarse a lo desconocido y correr el riesgo que conlleva la vida.
Feliz semana ;)










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